El almacenamiento térmico ya tiene un mercado claramente definido en aplicaciones industriales donde la gestión de calor es crítica: procesos de calor a baja y media temperatura en industria alimentaria, química o manufacturera, redes de calor urbano y acumulación de calor para instalaciones solares térmicas. En estos segmentos el valor económico de optimizar la energía térmica es tangible y hay casos de negocio claros para propietarios de activos y operadores energéticos. Además, existe un creciente interés en soluciones que combinan almacenamiento térmico con electrificación de procesos o con sistemas de cogeneración, lo que abre más oportunidades comerciales a corto plazo.
Las industrias con mayores necesidades de gestión térmica —como la industria química, siderúrgica, cerámica y papelera— serán adoptantes tempranos. También destacan sectores con grandes demandas térmicas en rangos de temperatura amplios, como el sector alimentario, petroquímico y farmacéutico, y las redes urbanas de calor/frío. En paralelo, el almacenamiento termoquímico ligado a producción de hidrógeno o separación de gases atraerá adopción en industrias energéticas y en fabricantes de combustibles sintéticos.
Las barreras económicas principales incluyen la incertidumbre sobre la vida útil real en operación (durabilidad y ciclos), costes iniciales relativamente altos frente a soluciones térmicas convencionales, y la percepción de riesgo tecnológico que frena inversión industrial. A esto se suma la falta de modelos de negocio estandarizados y la limitada visibilidad de incentivos regulatorios dirigidos específicamente al almacenamiento térmico frente a otras soluciones energéticas, lo que complica la estimación de retorno para los financiadores.
La hibridación es una palanca clave de valor: permite maximizar la flexibilidad de uso del activo energético y diversificar fuentes de ingresos. Por ejemplo, integrar almacenamiento térmico con procesos termoquímicos, como producción de hidrógeno o captura/conversión de CO₂, no solo amplia el rango de aplicaciones sino que puede transformar un activo de coste en un activo generador de servicios: balance de carga, reducción de picos de demanda, suministro de calor/combustibles limpios, etc. Esto puede hacer el caso de negocio mucho más robusto y atractivo para inversores.
A partir de TRL 7–8, donde la tecnología ya ha sido demostrada en entornos reales y existen datos operativos, se reduce sustancialmente el riesgo percibido. Los inversores e industriales tienden a exigir evidencia de funcionamiento, rendimiento y costes reales antes de comprometer capital significativo. Por eso, las transiciones de laboratorio a pilotos industriales y demostradores son etapas críticas para desbloquear inversión privada.
Ambos enfoques tienen su lugar, pero vemos una creciente demanda por soluciones modulares escalables. Permiten a las empresas comenzar con inversiones más contenidas e ir ampliando capacidades a medida que se valida el rendimiento en su contexto productivo concreto. La modularidad, además, facilita la estandarización de componentes, reduce costes de ingeniería y acelera la replicación en diferentes plantas o geografías.
Actualmente, la regulación europea ha avanzado en reconocer al almacenamiento energético como un activo estratégico, pero todavía hay vacíos específicos para el almacenamiento térmico y termoquímico, especialmente en métricas de valorización de servicios auxiliares o créditos por flexibilidad térmica. Políticas que internalicen el valor ambiental y las externalidades positivas —como la reducción de emisiones o la resiliencia de sistemas energéticos— favorecerían mucho su despliegue. La definición de mecanismos de mercado que remuneren servicios térmicos y el desarrollo de estándares técnicos serán factores clave para ampliar el mercado.
La IA y la modelización avanzada permiten entender mejor comportamientos complejos de materiales y sistemas antes de invertir en prototipos costosos. Por ejemplo, prediciendo degradación de materiales de almacenamiento térmico, optimizando operaciones bajo múltiples escenarios o acelerando descubrimiento de materiales termoquímicos más eficientes. Esto reduce incertidumbres técnicas, mejora estimaciones de costes de ciclo de vida y proporciona evidencias sólidas a los decisores financieros para apoyar inversiones con mayor confianza.
Las soluciones europeas pueden competir con un enfoque hacia sostenibilidad integral, eficiencia energética y políticas de economía circular, integrando criterios ambientales, sociales y de gobernanza desde el diseño. Además, Europa puede aprovechar su sofisticación en investigación aplicada, su red de colaboración público–privada y una fuerte base industrial para generar soluciones que no solo sean eficientes, sino robustas, seguras y sostenibles. Esta propuesta de valor puede ser determinante en mercados que valoren criterios más amplios que el coste puro.
Desde CIC energiGUNE se trabaja con un enfoque integral que conecta investigación avanzada, validación preindustrial y aplicación industrial, con el objetivo de transformar el almacenamiento térmico y su conversión en soluciones reales y competitivas.
El desarrollo parte del diseño de materiales y procesos avanzados, combinando almacenamiento térmico, conversión termoquímica y catálisis, siempre con una orientación clara hacia necesidades industriales como la descarbonización de procesos y la gestión eficiente del calor. Estas tecnologías se validan en condiciones relevantes, evaluando durabilidad, integración y costes de ciclo de vida, lo que reduce el riesgo tecnológico para su adopción.
Además, el uso de modelización avanzada e inteligencia artificial acelera el diseño y la optimización de sistemas, mientras que la colaboración con la industria permite identificar aplicaciones prioritarias y generar oportunidades de mercado en ámbitos como la descarbonización industrial, la valorización de CO₂ o la autonomía energética.
En conjunto, este enfoque permite convertir la innovación científica en soluciones de alto valor, impacto y competitividad.
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