La ropa del futuro podría hacer mucho más que proteger del frío o del calor. Podría regular la temperatura de forma inteligente, adaptarse mejor al entorno e incluso almacenar energía térmica directamente en el propio tejido. Ese es el objetivo en el que trabaja CIC energiGUNE, centro vasco especializado en almacenamiento y conversión de energía, a través del desarrollo de nuevos materiales flexibles con aplicaciones en deporte, salud, movilidad personal o electrónica flexible.
La clave está en transformar el propio tejido en un material funcional. Frente a soluciones tradicionales basadas en elementos rígidos o sistemas eléctricos externos, los nuevos desarrollos permiten integrar capacidades de gestión térmica directamente en fibras y films flexibles, manteniendo comodidad, ligereza y ergonomía.
“Estamos pasando de prendas que simplemente aíslan a textiles mucho más inteligentes y adaptables. La idea es que la tecnología deje de percibirse como algo añadido y pase a formar parte natural del propio material”, explica Mikel Duran, investigador de CIC energiGUNE en el área de almacenamiento térmico.
Este tipo de soluciones podría aplicarse en ropa técnica y deportiva capaz de mantener una temperatura más estable, prendas para condiciones extremas o sistemas textiles orientados a salud y bienestar. Además, estos materiales permiten reducir la dependencia de sistemas eléctricos activos y mejorar la eficiencia energética de los productos.