Según los datos recogidos en el white paper de CIC energiGUNE, el consumo eléctrico global de los data centers alcanzó aproximadamente 485 TWh en 2025 y podría situarse en torno a 950 TWh en 2030, equivalente a cerca del 3% de la demanda eléctrica mundial. El crecimiento de los centros orientados a inteligencia artificial se espera además que sea sensiblemente superior al del conjunto del sector.
Para la industria de las baterías, sin embargo, la oportunidad no deriva únicamente de este incremento del consumo eléctrico. El cambio más relevante está relacionado con la evolución de la propia infraestructura energética del data center.
Tradicionalmente, las baterías se han utilizado principalmente como parte de los sistemas UPS —Uninterruptible Power Supply— para proporcionar energía durante los segundos o minutos necesarios para mantener la operación hasta que entra en funcionamiento una fuente alternativa, normalmente un generador. Esta función sigue siendo crítica, pero comienza a coexistir con otras necesidades relacionadas con la calidad de potencia, la gestión de picos, la integración de generación renovable y, potencialmente, la interacción con la red eléctrica.
Esta evolución está ampliando el espacio de oportunidad para fabricantes de baterías, desarrolladores de materiales, proveedores de electrónica de potencia y empresas especializadas en sistemas de gestión y diagnóstico.
Uno de los factores que más está modificando la infraestructura eléctrica de los data centers es el aumento de la densidad de potencia asociado a las nuevas cargas de inteligencia artificial.
Los aceleradores utilizados para entrenar y ejecutar modelos avanzados permiten concentrar cantidades de computación cada vez mayores dentro de un espacio limitado. Como consecuencia, también concentran el consumo eléctrico y la generación de calor. El informe señala que la densidad de potencia de los servidores de IA aumentó aproximadamente once veces entre 2020 y 2025 y podría crecer nuevamente de forma significativa en los próximos años.
Este cambio afecta a toda la arquitectura eléctrica de la instalación. Transformadores, switchgear, sistemas de distribución, UPS, electrónica de potencia, refrigeración y baterías deben ser capaces de gestionar flujos de potencia cada vez mayores. Además, las cargas de inteligencia artificial pueden experimentar variaciones rápidas, lo que aumenta el valor de tecnologías capaces de responder de forma prácticamente instantánea.
En este contexto, los criterios utilizados para seleccionar una batería pueden diferir considerablemente de los habituales en movilidad eléctrica. La máxima densidad energética deja de ser necesariamente la prioridad. En determinadas aplicaciones de data center pueden ser más importantes la potencia disponible, la velocidad de respuesta, la eficiencia, la estabilidad térmica, la vida de calendario, la degradación predecible y la capacidad para conocer con precisión el estado real de la batería. Esto contribuye además a segmentar el mercado.
Un Battery Backup Unit situado a nivel de rack o de fila debe combinar elevada potencia, reducido volumen y respuesta rápida. Al encontrarse cerca de los equipos informáticos, también aumentan las exigencias relacionadas con la gestión térmica, la detección de fallos y la seguridad.
Un sistema UPS centralizado, por su parte, presenta un perfil diferente. La batería puede permanecer gran parte de su vida a un elevado estado de carga y experimentar relativamente pocas descargas profundas. La cuestión crítica no es únicamente cuántos ciclos puede proporcionar, sino si seguirá siendo capaz de entregar toda la potencia necesaria después de varios años de operación en standby. Por ello, la vida de calendario, la predictibilidad del envejecimiento y el estado de salud adquieren especial importancia.
Finalmente, un Battery Energy Storage System a nivel de instalación puede asumir funciones adicionales. Además de contribuir a la resiliencia, puede utilizarse para reducir picos de demanda, mejorar la integración de generación renovable o apoyar la gestión energética del emplazamiento. En este caso pasan a ser especialmente relevantes parámetros como la eficiencia de ida y vuelta, la vida de ciclo, la profundidad de descarga utilizable y el coste asociado a la degradación. La consecuencia es clara: probablemente no exista una única tecnología de batería óptima para todo el sector.
El informe plantea un escenario en el que pueden coexistir tecnologías consolidadas como plomo-ácido y diferentes variantes de ion-litio con soluciones como LFP, NMC, sodio-ion, tecnologías de litio de alta potencia, sistemas basados en zinc, supercondensadores o baterías de flujo. Su posicionamiento dependerá de la combinación requerida de potencia, duración, seguridad, vida útil, espacio disponible y coste.
La evolución de los data centers amplía la oportunidad mucho más allá de la fabricación de celdas.
En una infraestructura de misión crítica, la química de la batería es importante, pero no determina por sí sola la fiabilidad del sistema. Gestión térmica, Battery Management Systems, electrónica de potencia, protección frente a incendios, detección de fallos y diagnóstico predictivo son igualmente relevantes. De hecho, el informe señala que conocer el estado real de la batería y garantizar su disponibilidad puede resultar más valioso que maximizar su densidad energética. Esto abre un espacio importante para el desarrollo de BMS avanzados y herramientas de diagnóstico.
Una batería destinada a backup puede permanecer durante largos periodos prácticamente sin utilizarse y, sin embargo, debe responder correctamente cuando se produce una incidencia. Por ello, no basta con conocer su estado de carga. Es necesario estimar también su estado de salud, la potencia realmente disponible y la evolución de su degradación. Esta necesidad se vuelve todavía más compleja cuando la batería deja de utilizarse exclusivamente como respaldo.
Si el sistema también participa en peak shaving, integración de renovables o gestión de la demanda, el operador debe encontrar un equilibrio entre utilizar la batería y conservar suficiente capacidad para garantizar la función primaria de resiliencia. El propio white paper identifica esta cuestión como un problema de optimización: cuánto valor adicional puede extraerse de la batería sin comprometer la función de misión crítica para la que fue instalada. La oportunidad industrial se desplaza así progresivamente hacia la integración.
A medida que aumentan las potencias, la batería debe diseñarse conjuntamente con la electrónica de potencia, el sistema térmico y la infraestructura eléctrica. El informe apunta precisamente a que la diferenciación competitiva puede producirse a nivel de sistema, mediante la combinación de electroquímica, electrónica, gestión térmica, inteligencia digital, seguridad y optimización energética.
También pueden surgir arquitecturas híbridas. Las fluctuaciones más rápidas podrían ser gestionadas por sistemas de muy alta potencia, mientras que otras baterías asumirían el ride-through convencional y sistemas de mayor capacidad proporcionarían almacenamiento durante periodos más largos. Esta separación permitiría utilizar diferentes tecnologías en las ventanas de operación para las que estén mejor adaptadas.
A escala de instalación aparece además otra oportunidad: convertir una parte del almacenamiento en un activo de gestión energética.
Los grandes data centers constituyen cargas cada vez más importantes para las redes eléctricas y, en determinadas regiones, la disponibilidad de nueva capacidad de conexión puede convertirse en una limitación para el desarrollo de nuevos proyectos. En este contexto, reducir temporalmente la potencia máxima importada puede aportar valor incluso sin modificar de forma significativa el consumo anual de electricidad.
El informe estima que podrían instalarse aproximadamente 20-25 GW de almacenamiento en baterías en data centers a nivel global para 2030, aunque el aprovechamiento de esta capacidad más allá de la función de respaldo dependerá de las condiciones regulatorias y operativas. La resiliencia seguirá siendo, en cualquier caso, la prioridad. Cualquier utilización adicional tendrá que preservar suficiente estado de carga, potencia disponible, vida útil y redundancia.
Por ello, la competitividad de las soluciones para data centers difícilmente podrá evaluarse únicamente mediante el precio por kWh. Será necesario considerar el Total Cost of Ownership, incluyendo mantenimiento, sustituciones, eficiencia, refrigeración, espacio, degradación y el coste potencial asociado a la indisponibilidad.
La oportunidad que abre el crecimiento de los data centers, por tanto, no consiste simplemente en vender más baterías. Consiste en desarrollar sistemas de almacenamiento específicamente adaptados a una infraestructura digital cada vez más potente, crítica y compleja.
La pregunta deja de ser únicamente qué batería puede proporcionar backup y pasa a ser qué combinación de electroquímica, potencia, seguridad, vida útil, diagnóstico e integración permite garantizar de forma más eficiente la energía de la próxima generación de data centers. Para la industria de las baterías, responder a esa pregunta puede convertirse en una de las oportunidades tecnológicas e industriales más relevantes asociadas al crecimiento de la inteligencia artificial.
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