Íñigo Careaga Aja, responsable de estrategia, analiza algunas de las principales tendencias y avances que veremos en el mercado de las baterías durante este año 2025.

1. ¿Qué grandes titulares coparán la industria durante este año?

En 2025, la industria de las baterías seguirá estando marcada por hitos asociados al impuso de la electromovilidad sobre todo y la consolidación de alternativas para este objetivo.

En términos tecnológicos, seguro que veremos avances significativos en baterías de estado sólido y modelos híbridos. Estas baterías, junto con las de iones de sodio, serán protagonistas en las noticias del sector. Las baterías de sodio, en particular, se están posicionando como una alternativa complementaria al litio, sobre todo en aplicaciones estacionarias, gracias a su sostenibilidad y menor dependencia de materiales escasos.

A su vez, es de esperar que otro gran titular este año será el papel de la sostenibilidad en la industria. La creación de sistemas de reciclaje eficientes para cerrar el ciclo de vida de las baterías y la apuesta por infraestructuras de carga rápida serán claves. La industria está avanzando hacia modelos circulares que garanticen que los materiales utilizados en las baterías puedan ser recuperados y reutilizados, lo cual será un factor determinante para el desarrollo sostenible del sector.

2. ¿Dónde parece que están los grandes esfuerzos de la industria fijados para este año?

Sobre todo, y más allá del desarrollo de las propias tecnologías, en asegurar su industrialización y capacidad productivas. Las inversiones en infraestructuras y el desarrollo de nuevas políticas regulatorias que impulsen la fabricación local y el uso de baterías sostenibles marcarán también la agenda de 2025. La transición energética y la independencia tecnológica seguirán siendo prioridades en los principales mercados, y este año veremos cómo esos proyectos empiezan a materializarse.

3. ¿Qué tecnologías parece que irán ganando cada vez más protagonismo a lo largo de este año?

Las baterías de estado sólido y las de iones de sodio ya mencionadas seguirán siendo las que concentren mayor atención y esfuerzo económico por parte de fabricantes e instituciones. Es de esperar que el año 2025 poco a poco asiente el crecimiento y desarrollo de estas tecnologias emergentes, escalando ambas en el mercado como alternativa a las baterías convencionales.

Junto a ellas, seguro que cada vez vemos más avances en tecnologías como las de litio-azufre, flujo-redox o metal aire. Si bien no están concentrando tanta atención, su evolución en los últimos años las situan también como alternativas más que interesantes para el futuro del almacenamiento.

Y más allá de la propia batería y su composición tecnológica, cada vez veremos más enfoques que busquen aprovechar las ventajas que las nuevas tecnologías (como la inteligencia artificial) pueden ofrecer a la industria. De hecho, ya se está trabajando en muchos modelos de BTMS (sistemas de gestión de baterías) que aprovechan el potencial de este tipo de soluciones para ofrecer una monitorización más precisa, predicción de fallos y optimización del rendimiento, mejorando la seguridad y prolongando la vida útil de las baterías.

4. ¿Qué otros elementos influirán de manera determinante tanto a nivel regional como internacional?

Más allá de las innovaciones tecnológicas, el sector de las baterías estará profundamente influido en 2025 por varios factores geopolíticos, económicos y regulatorios que marcarán el ritmo de su evolución tanto a nivel regional como internacional.

En primer lugar, la disponibilidad y acceso a materias primas críticas, como el litio, el níquel y el cobalto, será uno de los grandes desafíos de la industria. La dependencia de ciertos países productores está provocando tensiones geopolíticas que podrían afectar las cadenas de suministro globales. Por ello, muchas regiones, especialmente Europa, están buscando alternativas para garantizar su autonomía estratégica, lo que incluye el desarrollo de minas locales, acuerdos internacionales y el impulso de tecnologías que reduzcan la dependencia de materiales escasos.

Por otro lado, hay por supuesto un componente político clave en los próximos meses en relación ala competencia y apuesta por esta industria entre las distintas regiones (sobre todo Asia, EEUU y Europa). En este juego, la entrada del nuevo Gobierno de Trump en EEUU puede cambiar el panorama según la política que decida finalmente tomar el nuevo ejecutivo. Esto también influye a nivel regulatorio, dónde seguramente veremos un endurecimiento de las políticas comerciales, con el correspondiente impacto en costes para los clientes e inversiones.

 

5. A nivel científico, ¿qué papel juegan centros de investigación como CIC energiGUNE en este panorama?

Consideramos que jugamos un papel fundamental en el avance del sector de las baterías, ya que en muchos casos somos protagonistas de muchos de los desarrollos científicos que posteriormente son escalados por la industria. Nuestra labor no solo consiste en innovar en nuevas tecnologías de almacenamiento energético, sino también en optimizar las actuales para hacerlas más eficientes, seguras y sostenibles. Por ello trabajamos en aspectos clave como el desarrollo de nuevos materiales para baterías, sistemas de gestión más inteligentes y métodos avanzados de reciclaje.

Nuestro objetivo es ayudar como puente entre la investigación básica y su aplicación industrial, contribuyendo a reducir la brecha entre la ciencia y el mercado al colaborar con empresas y gobiernos en proyectos que buscan acelerar la transición energética. En un momento en el que la independencia tecnológica es una prioridad para regiones como Europa, el papel de centros como CIC energiGUNE es vital para liderar la innovación en almacenamiento energético y reforzar la soberanía tecnológica en un sector tan estratégico como el de las baterías.

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