Como ya vimos en entradas anteriores de nuestro blog, la posible escasez de materias primas es uno de los grandes retos a los que se enfrentan las distintas regiones y países del mundo de cara a dominar una industria estratégica para el futuro como es la de las baterías.

Esto explica los esfuerzos que diferentes gobiernos y empresas están realizando por garantizar su propia cadena de suministro, buscando así gozar de una “independencia” o seguridad que les permita asentar una actividad clave para la futura transición energética.

Como es lógico, el escenario ideal para afianzar el desarrollo de la industria no es otro que contar con yacimientos propios, que aseguren así la disponibilidad de materiales clave como el Litio, Cobalto, Níquel o Cobre (por destacar algunos). De ahí que regiones como Europa estén instando a sus países miembro que aceleren y profundicen en los procesos de identificación de yacimientos y proyectos de extracción, con el objetivo de no depender de terceros (sobre todo, Asia, y en concreto China, un país que produce por sí mismo al año alrededor de un tercio de todas las materias primas críticas vinculadas a la fabricación de baterías a nivel mundial).

En este contexto, España puede ser uno de los principales actores para lograr que Europa no pierda comba en esta carrera respecto a otros países y regiones, gracias a la disponibilidad y volumen de yacimientos con los que cuenta en su territorio. De esta forma, una actividad como la minera (casi desaparecida en España tras el cierre total de las minas de carbón hace uno años) podría renacer para convertirse en una industria fundamental tanto desde un punto de vista energético como económico en los próximos años.

Yacimientos caracterizados por su variedad y cantidad

Una de las claves para que España cuente con un alto potencial dentro de la industria de extracción de materiales para baterías es la diversidad de materias primas de las que dispone su territorio. En España, es posible encontrar recursos fundamentales como el Litio, Níquel, Cobalto, Grafito, Cobre, Aluminio o Manganeso en distintos puntos de su geografía.

Además, en muchos casos, hablamos de yacimientos de gran tamaño y volumen.  El mejor ejemplo de ello es el de San Jose de Valdeflórez, en Extremadura, que cuenta con potencial para ser la segunda mina más grande de Europa (solo por detrás de la portuguesa de “Mina do Barroso”), y que, junto al yacimiento vecino de Cañaveral, aspira a situar a Extremadura como una de las principales fuentes de este recurso para toda Europa.

De ahí que cada vez más empresas estén poniendo sus ojos en esta región, tanto relacionadas con la propia actividad de extracción (ejemplo de ello son Infinity Lithium y Lithium Iberia) como compañías asociadas a etapas posteriores de la cadena de valor (siendo Envision, uno de los principales productores de celdas del mundo, el caso más destacado).

Pero no sólo Extremadura puede ser un importante polo minero para la transición energética dentro de España. Otras regiones como Galicia, Castilla y León, Asturias o Andalucía también cuentan con recursos dentro de sus territorios con los que contribuir de forma notable al desarrollo de la industria.

En el caso de Galicia, de hecho, ya se está trabajando por explotar este potencial. En los últimos años, se han identificado varios yacimientos de Litio, Cobre, Cobalto, Aluminio y Grafito (así como de otras materias primas fundamentales para otras industrias o actividades, como Oro o Estaño) tanto al norte como sur de la región (especialmente en la provincia de Ourense). Además, en muchos casos, se trata de yacimientos en los que se hayan disponibles varios de estos materiales a la vez.

Esto está convirtiendo a la región al noroeste de España cada vez más en un foco altamente atractivo para la explotación por parte de grandes empresas mineras como Atalaya Mining o Eurobattery Minerals, que ya han manifestado su interés en desarrollar proyectos en Galicia.

Igualmente, las vecinas Castilla y León y Asturias también están explorando su potencial para tener un papel protagonista dentro de la actividad minera. En el caso de la primera, cuenta con un alto potencial para ser fuente de Litio (sobre todo Zamora y Salamanca, provincias pegadas al norte de Extremadura) así como, en menor medida, de Cobalto y Grafito. Por su parte, la región asturiana cuenta con diversos yacimientos de manganeso que complementan la “oferta” de recursos disponibles en la mitad norte de España.

Finalmente, dentro de Andalucía (y de nuevo, especialmente en aquellas provincias limítrofes con Extremadura) se encuentran grandes depósitos de materiales como el Cobre, Níquel o Cobalto. Esto explica el interés que empresas como First Quantum Minerals o de nuevo Atalaya Mining han mostrado por ampliar sus capacidades y actividades dentro de la región al sur de España.

Mapa de España, donde se muestran las diferentes materias primas críticas para el desarrollo de baterías y dónde se pueden hallar en su mayoría.


La minería sostenible, imprescindible para asentar estos proyectos


A pesar de todo este abanico de recursos y oportunidades, existe una cuestión fundamental a resolver por parte de España si quiere lograr explotar al máximo este potencial. Se trata deplantear un modelo de minería sostenible que garantice realmente la transición hacia un nuevo modelo energético respetuoso con el medio ambiente.

Así lo ha planteado la propia UE en su hoja de ruta hacia un modelo de explotación minera sostenible, con el objetivo de explorar y explotar estos depósitos de una forma menos invasiva y más eficiente.

Este es el gran obstáculo con el que se están encontrando los Gobiernos estatales y regionales en España y las empresas interesadas a la hora de impulsar proyectos asociados a la explotación de estos yacimientos. La oposición de vecinos y asociaciones en defensa de la naturaleza (como en los casos de San Jose de Valdeflórez en Extremadura o mina de Touro en Galicia) se basa en el alto impacto medioambiental que este tipo de proyectos suele acarrear, lo que está provocando retrasos justificados que buscan asegurar la sostenibilidad de los proyectos que se aspiran a desarrollar en las potenciales ubicaciones enumeradas anteriormente.

De ahí que los promotores de estas iniciativas estén llevando a cabo replanteamientos de sus proyectos y lanzando nuevas propuestas dirigidas a reducir al máximo el impacto ambiental de sus planes de explotación: soterramiento de las minas, uso de equipamiento de última tecnología, aplicación de técnicas avanzadas de geometalurgia o la depuración y reciclaje de residuos, son solo algunas de las medidas que se proponen para garantizar una actividad de explotación lo más sostenible posible.

Todo ello con el objetivo de lograr de forma efectiva el fin último del desarrollo de la industria de las baterías: impulsar un modelo energético sostenible que realmente lleve a una efectiva transición energética y un cambio de paradigma respecto a la situación actual. De ello dependerá que efectivamente España y sus distintas Comunidades puedan convertirse una referencia dentro de una de las industrias del futuro.

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